Cremas Faciales 100% Naturales

Crema para piel Grasa (izq) o Mixta (dcha)

Crema para piel Sensible (izq) o Seca (dcha)

 

Tipos de Piel:

¿Sabes ya cuál es tu tipo de piel? Si no es así, aprende a reconocerla:

PIELES SECAS:

Son pieles muy finas, de poro muy cerrado, tiran después de limpiarlas, sufren descamaciones con facilidad, y las arrugas alrededor del ojo se marcan a la mínima expresión. Suelen tener un tono mate, sin brillo, y a veces pueden presentar incluso hasta pequeños eczemas. Es una piel que envejece antes que el resto, ya que es muy vulnerable a las agresiones externas, y por lo tanto, hay que prestarle mucha atención porque si no se cuida como es debido, es fácil que pase de seca a sensible. Sus peores enemigos son el sol, el frío la contaminación y las calefacciones o aires acondicionados, porque la resecan aún más.

Necesidades: Lo principal es hidratar y nutrir. Usa un jabón limpiador suave, tónicos siempre sin alcohol (estupendo el agua de rosas) y cremas hidratantes de textura rica tanto de día como de noche para regenerar la piel. No es aconsejable usar productos exfoliantes con regularidad (lo ideal serías cada 2 o 3 semanas). Eso sí, puedes usar mascarillas hidratantes o nutritivas tan a menudo como te lo pida la piel.

Hazlo por tu piel: Evita el sol, bebe mucha agua y toma alimentos con antioxidantes.

 

PIELES SENSIBLES:

En general son pieles muy finas y delicadas, con algunas venitas muy superficiales, ligeramente secas y con tendencia a las reacciones alérgicas. A la mínima de cambio, reaccionan con rojeces, sensación de ardor, tirantez, descamaciones o picores. Estos cambios pueden ser puntuales o crónicos, y si no se cuidan, podrían derivar en la aparición de capilares rotos, zonas muy secas que se irritan fácilmente y eczemas. La piel sensible es una característica con la que se nace, pero que cada vez más también se adquiere, a consecuencia del estrés, la contaminación, una mala alimentación, cosméticos inapropiados o cambios bruscos de temperatura.

Necesidades: Lo principal es calmar y regenerar. No es tarea fácil, pero con los cuidados apropiados su estado mejora notablemente. Usa un jabón limpiador suave, tónicos calmantes y relajantes (ideal el agua de hamamelis o el agua termal) y cremas hidratantes de textura suave con propiedades antinflamatorias y cicatrizantes, para ayudar a regenerar la piel. Puedes usar mascarillas hidratantes y calmantes, pero eso sí, ¡¡olvídate de los productos exfoliantes!!

Hazlo por tu piel: Este tipo de piel refleja más que ninguna otra lo que consume el organismo. Por ello, es importante llevar una dieta equilibrada, beber mucha agua y evitar las comidas fuertes con especias y picantes.

 

PIELES MIXTAS:

A menudo son pieles grasas que han evolucionado a secas con el tiempo, pero que han conservado la zona "T" (frente, nariz y barbilla) con poros dilatados y aspecto brillante. Las partes más secas en cambio, suelen ser ser sensibles y se descaman con facilidad. La piel mixta es bastante frecuente y se debe a factores hormonales. Existen realmente dos tipos de pieles mixtas: las mixtas con tendencia a seca (piel fina con poros pequeños en la zona "T" y algunas escamas en las zonas más secas) y mixtas con tendencia a grasa (donde la zona "T" presenta más impurezas y poros bastante dilatados)

Necesidades: Lo principal es reequilibrar. Lo ideal sería utilizar productos astringentes para la zona "T" y nutritivos para el resto del rostro. Si tienes tiempo adelante, pero otra opción más funcional es utilizar productos con extractos equilibrantes, que ni engrasan ni resecan. Usa un jabón limpiador suave, tónicos siempre sin alcohol y cremas hidratantes equilibrantes. Una vez por semana puedes usar un producto exfoliante, y aprovechar para aplicarte una mascarilla purificante..

Hazlo por tu piel: Bebe mucha agua y reequilibra tu dieta, tomando más alimentos con antioxidantes y menos grasas.

 

PIELES GRASAS:

Las pieles grasas se caracterizan por una excesiva secreción de las glándulas sebáceas, que hace que tengan un tacto oleoso y brillen más de la cuenta. A este problema le suelen acompañar rojeces localizadas y textura irregular de la piel. Son muy propensas a impurezas, espinillas y granitos, a la dilatación de los poros, infecciones y el acné. La ventaja es que son pieles con menor tendencia a la aparición de arrugas y aguantan mejor el sol. Los adolescentes son más propensos a padecerlas, pero no te confíes porque la piel puede convertirse en grasa en cualquier momento de la vida: un cambio hormonal brusco, el embarazo, el estrés, o el calor, son factores que pueden provocar hipersecreción sebácea.

Necesidades: Lo principal es limpiar y regular. Una buena limpieza es fundamental para evitar la proliferación bacteriana y el exceso de sebo que obstruye los poros. Utiliza dos veces al día jabones limpiadores y tónicos astringentes, específicos para piel grasa, para cerrar los poros y disminuir los brillos. Olvídate de productos agresivos que solo consiguen alterar el funcionamiento de las glándulas y agravar el problema. Después de un buena limpieza es importante hidratar la piel con una crema que posea extractos antibacterianos y reguladores. Una vez por semana puedes recurrir a un exfoliante y una mascarilla purificante para desincrustar los poros. Es aconsejable que te realices una limpieza profesional una vez al mes, y en caso de que tu problema de piel sea realmente grave, consulta con un dermatólogo por si necesitaras además un tratamiento antihormonal complementario.

 Hazlo por tu piel: Bebe mucha agua, elimina los alimentos con exceso de grasa de tu dieta, y aunque te cueste lágrimas, renuncia al chocolate.